La Santa Misa - Se le llama también Eucaristía.
La misa, el sacrificio y banquete de la Eucaristía, es acto central de la Iglesia católica y el acto supremo de culto a Dios.
La palabra "misa" viene del latín "missio" (enviar). Al final de la misa los fieles son enviados a poner en práctica la Palabra de Dios con la gracia recibida.
El hombre con frecuencia tiene poco tiempo para dedicarse a las cosas de Dios. Tiene poco tiempo para conocerlo y entenderlo. La Iglesia, consciente de este problema y sabiendo que si sus miembros no conocen a Dios no podrá cumplir con la misión que le ha sido encomendada, ha querido asegurar que se le dedique un tiempo a la semana a este conocimiento de las cosas de Dios y ha dado un mandamiento: Oír misa entera los domingos y días de precepto.
Con este mandamiento, la Iglesia asegura que sus miembros conozcan los lineamientos del Fundador y de esta manera "no perderán el estilo", no olvidarán su fin último y se esforzarán por cumplir su labor personal dentro de la Iglesia.
Debo ir a Misa porque...
Es el mismo Cristo quien está presente y se ofrece allí... ¡el mismo Cristo que se ofreció a sí mismo una vez en el altar de la cruz!
En la misa, Cristo se ofrece a sí mismo tan realmente como lo hizo en el Calvario. Cristo está presente en el cielo y también en el altar, y se entrega HOY al Padre como el Viernes Santo.
La Misa es un banquete sagrado: El mismo Cristo que se ofrece, lo recibimos en la Eucaristía.
- La misa NO es otro sacrificio, NO es una repetición. Es el MISMO sacrificio de Jesús que se hace presente.
- La Misa es el medio principal que Dios ha establecido para aplicar los méritos que Cristo ganó en la Cruz para toda la humanidad.
-En la Misa se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: Jesucristo, que asocia a su Iglesia, y a todos sus miembros, a su sacrificio pascual, ofrecido una vez por todas en la cruz al Padre.
- Por medio de su sacrificio, Cristo derrama la gracia de la salvación sobre su Cuerpo que es la Iglesia.
- La Santa Misa y el sacrificio de la Cruz son un único sacrificio, pues se ofrece una y la misma víctima: Jesucristo. Sólo es diferente la manera de ofrecerse: Cristo se ofreció a sí mismo una vez en la cruz de manera cruenta –con derramamiento de sangre–, mientras en la Eucaristía se ofrece por el ministerio de los sacerdotes de modo incruento –sin derramamiento de sangre–. Así, el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz, permanece siempre actual.
Cada vez que se celebra la Eucaristía, se realiza la obra de nuestra redención.
La Iglesia se une a Cristo y se ofrece totalmente con El en la Misa
- La misa la celebra el obispo o el sacerdote –actuando “en persona de Cristo-cabeza”. Representando a Cristo, preside la asamblea, predica la homilía, recibe las ofrendas, dice la plegaria eucarística, consagra y reparte la comunión.
- Sólo los sacerdotes válidamente ordenados pueden presidir la Eucaristía y consagrar (invocar al Espíritu Santo para que el pan se haga el Cuerpo y el vino, la Sangre de Jesucristo). Por eso la presencia del sacerdote es indispensable y esencialmente diferente.
- En la celebración de la Eucaristía participan todos los fieles miembros de su Cuerpo. Cada uno une en la Eucaristía su vida, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo a los de Cristo y a su total ofrenda.
- También se unen en la Eucaristía la Virgen María y los santos que están ya en la gloria del cielo.
- En la misa oramos por las almas del purgatorio para que puedan entrar en la luz y la paz de Cristo.
Después de la consagración, Jesús está realmente presente en la Eucaristía
- En la consagración ocurre la “transubstanciación”, que significa “cambio de substancia” del pan y el vino a ser verdaderamente la sustancia del Cuerpo y Sangre del Señor. La Eucaristía aun tiene la apariencia de pan y vino pero no es pan y vino.
- Cristo está presente en la Eucaristía verdadera, real y substancialmente con todo su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad. Esta presencia se llama “real” porque es “substancial”, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente.
- Cristo está todo entero en cada una de las especies y en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo, que está real y permanentemente presente en la eucaristía mientras duren sin corromperse las especies eucarísticas.
Para recibir todos los méritos disponibles es necesario participar con fe. Mientras con más fe se viva la Santa Misa, mayor gloria se le ofrece a Dios y mayor la gracia que se recibe, no sólo para los participantes sino para la humanidad.
Fuera de la Santa Misa también se honra al Señor con visitas al sagrario, con la exposición del Santísimo y con procesiones Eucaristícas.